El fenómeno que no veíamos desde 2018: así ha despertado Montserrat tras el paso de la borrasca Ingrid
Quienes ayer, sábado 24 de enero, alzaron la vista hacia el macizo, se encontraron con un regalo visual que hacía años que se resistía: la montaña teñida de blanco
La borrasca Ingrid ha cumplido su promesa. Si los meteorólogos avisaban de una caída drástica de temperaturas, la realidad ha superado las expectativas en la Catalunya Central. La cota de nieve se desplomó ayer entre los 400 y los 700 metros, permitiendo que la nieve cuajara no solo en las cimas, sino envolviendo el monasterio y las carreteras de acceso en un paisaje de postal que ha movilizado a cientos de curiosos y fotógrafos.
Lo que esconde la "postal" de Ingrid
El episodio de ayer no fue una simple nevada anecdótica. El Servei Meteorològic de Catalunya activó avisos desde los 300 metros, y la precipitación fue especialmente generosa en el prelitoral.
Para entender la magnitud del evento, basta con mirar la carretera BP-1103, que conecta Can Massana con el monasterio: quedó totalmente cubierta. Los espesores acumulados han transformado la fisonomía de la sierra, dejando picos emblemáticos como el Cavall Bernat o Sant Jeroni bajo un manto blanco que hoy brilla con fuerza bajo el sol de invierno.
Lejos de generar el caos habitual de estas situaciones, la reacción ha sido de euforia. Las redes sociales se llenaron ayer de comentarios describiendo la jornada como un "episodio recibido con satisfacción". Y es que, en tiempos de sequía y temperaturas anómalas, ver Montserrat así es casi un milagro climático.
Por qué esta nevada es una rareza estadística
Aquí viene el dato que explica por qué esta imagen es tan valiosa. Los registros del Observatorio del Monasterio (740 m) demuestran que la nieve se está convirtiendo en un artículo de lujo en la montaña:
2017: Se registraron hasta 11 días de nieve.
2020: El contador se quedó a cero.
2022 y 2023: Apenas 4 y 2 días respectivamente.
La Institució Catalana d’Història Natural advierte de una tendencia clara: las nevadas en Montserrat están dejando de ser un fenómeno recurrente para convertirse en una excepción. Lo que en el siglo XX era parte del invierno, en este siglo XXI es un suceso extraordinario.
Alerta para visitantes: mirar pero no tocar
Aunque la tentación de subir a tocar la nieve es alta, las autoridades recomiendan precaución. Las bajas temperaturas (en enero las mínimas suelen rondar los -3 ºC en las zonas altas) han convertido esa nieve húmeda en placas de hielo en las zonas de sombra.
Si planeas acercarte a disfrutar del espectáculo visual antes de que se derrita, ten en cuenta dos factores: la nieve se mantendrá en las cumbres (superiores a 1.100 metros) durante las próximas horas, pero el acceso por carretera requiere máxima atención.
La borrasca Ingrid ya es historia, pero nos deja un recurso visual potente: Montserrat vestida de blanco.